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Papel en blanco, papel escrito

Lunes, 25 Enero 2010

Adicto al ordenador. Tiene sus cosas buenas: todo el día informado, puedes conocer al instante la ropa interior que ha elegido Cristiano Ronaldo para partirle la cara a alguien, conoces los últimos héroes del youtube y estás al día con los fails, wtfs y demás chorradas que alguien igual o más aburrido que tú ha ingeniado. Además, adquieres conocimientos totalmente aleatorios por tus visitas randomizadas a la wikipedia, y en cierto modo a veces encuentras cosas realmente interesantes que te hacen pensar que quizá no has perdido la tarde entera sin aprender nada.

Libros

Aparte de eso, lo único que me molesta de esta inercia de hacer click en cualquier parte del navegador a cualquier hora del día desde que me levanto hasta que me quedo dormido, es la falta de [inserte aquí lo que realmente sea de la mezcla entre ganas, ilusión, fuerza de voluntad, compromiso...] para levantar el culo y hacer otras de las cosas de mi lista de aficiones. Leer y escribir están sin duda en la parte más alta (quizá más atrás queden ver películas, salir a correr, acabar la carrera, acabar de limpiar, buscar un móvil nuevo o incluso buscar un trabajo)

La mecánica del corazón‘ es el libro que me traigo entre manos. Escrito por Mathias Malzieu, cantante de Dionysos, y único hombre que he visto capaz de surfear por encima del público ida y vuelta en una de las carpas de Benicàssim a las cinco y media de la tarde a doscientos grados a la sombra… Es genial, él y el libro. Pero debería habérmelo leído en una tarde, y la tarde se va prolongando demasiado. Igual que se prolongó con ‘Mister Pip‘, y como se prolonga con la lista de libros de encima de la mesa… Papel escrito que tiene que fluir más y más entre mis manos y a través de mis ojos.

El papel en blanco es el blog, es el cuaderno rojo, es el cuaderno verde. Son los post-its de colores. Esa sensación que muchos tenemos de pasar un bolígrafo por entre nuestros dedos y apenas recordar como cogerlo correctamente. Ese temblor al apoyar la punta en el papel por primera vez en tanto tiempo y esa inseguridad a la hora de trazar las primeras letras. Ese no saber muy bien lo que estás escribiendo. Papel en blanco que tiene que fluir más y más desde dentro de mi hasta mi mano, para dejar más folios para el recuerdo con mi caligrafía (por muchos elogiada, por mi, ya sabéis, aborrecida en cierto modo)

Y este sinsentido que evoca al papel escrito y al papel en blanco no queda aquí más que reflejado como un punto y seguido en mi batalla, que ahora cambia de escenario, pero no de protagonista ni de guión. Volvemos (por un tiempo indefinido que puede ser de unas semanas o de varios meses) a Santander.

El curioso incidente…

Sábado, 10 Enero 2009

… del perro a medianoche, es el título en castellano del último libro que he leído. En los últimos tiempos siempre me ha costado un triunfo ponerme a leer, probablemente porque internet ha absorbido gran parte de las neuronas que me quedaban y me tiene demasiado enganchado. Aún así de vez en cuando me sorprendo a mí mismo con lecturas como ésta. Me llamó la atención la portada (sí, soy de ese tipo de personas que elige los libros según la portada) y el asequible precio para mi cartera erasmus en la librería de la galería Vankovka y me decidí. Parecía una lectura amena y sencilla dentro de lo que cabe -el libro, de Mark Haddon,  está relatado en primera persona por un niño de 15 años- y era justo lo que buscaba para mi primera experiencia leyendo libros en inglés.

The Curious Incident of the dog at the night-time

El protagonista, el pequeño Christopher Boone es un chaval autista que adora las matemáticas, las listas, el orden y los juegos mentales. En cambio no sabe relacionarse con el mundo, algo a lo que va a tener que enfrentarse cuando una noche descubre el perro de su vecina de enfrente muerto y un montón de aventuras y desventuras comienzan a ocurrirle. No desvelo más -para eso está la wikipedia, que destripa el libro de inicio a fin, al menos en la versión inglesa-, pero si alguno se ve con este libro entre las manos y duda, aquí tiene un pequeño argumento más a su favor, a mi me gustó.